Los lápices que nunca se borran
El 16 de septiembre de 1976, la dictadura militar argentina ejecutó uno de los episodios más crueles contra la juventud organizada: la Noche de los Lápices. Diez estudiantes secundarios de La Plata fueron secuestrados por reclamar el derecho al boleto estudiantil y por levantar la voz en defensa de una educación más justa. La mayoría de ellos nunca volvió.
Ayer se cumplieron cinco décadas de aquel horror, pero el recuerdo permanece intacto en la memoria nacional, como una herida abierta que se transforma en símbolo de resistencia y compromiso.
La conmemoración de los 50 años se convirtió en un acto de memoria colectiva. Organizaciones estudiantiles, sindicatos, docentes y sobrevivientes recordaron a aquellos jóvenes que, con apenas 16 o 17 años, se animaron a desafiar el poder de un régimen represivo.
El lema “Los lápices siguen escribiendo” resonó en escuelas, universidades y calles, reafirmando que la educación pública, gratuita y de calidad es un derecho irrenunciable y un motor de transformación social.La Noche de los Lápices no es solo un capítulo oscuro de la historia: es también un recordatorio de que la voz de los jóvenes puede cambiar el rumbo de un país. En cada aula, en cada cuaderno y en cada movilización estudiantil, late la memoria de quienes fueron arrancados de sus hogares, pero nunca de la conciencia argentina.Hoy, levantar sus banderas significa defender la democracia, la igualdad y la justicia, para que el dolor de ayer se convierta en esperanza de mañana.