De las astillas de la cátedra, hizo una tribuna de libertad
*por Patricia Bareiro
El Día del Profesor se instituyó en 1902 en homenaje a José Manuel Estrada, fallecido el 17 de septiembre de 1894 en Asunción del Paraguay a los 52 años. Escritor, historiador, rector del Colegio Nacional de Buenos Aires y defensor de la libertad de cátedra, fue velado con honores de general de división en la Catedral Metropolitana. Su legado hoy es más actual que nunca.
Hay fechas que son un espejo. El 17 de septiembre nos obliga a mirarnos como sociedad y preguntarnos qué lugar le damos a quien enseña.
En una escuela argentina atravesada por la desigualdad, la sobrecarga y el desencanto, la figura de Estrada vuelve como un faro. Él entendió, antes que nadie, que el profesor no es un repetidor de manuales. Es un custodio de la conciencia.
Por oponerse a la Ley 1420 de educación laica, el gobierno de su tiempo lo destituyó de sus cátedras. Le quitaron el aula. Y él respondió con la frase que hoy es bandera de todo docente que resiste:
“De las astillas de las cátedras destrozadas por el despotismo, haremos tribunas para enseñar la justicia y predicar la libertad.
Esa es la semblanza del verdadero profesor argentino. El que, aun sin recursos, sin reconocimiento, sin pizarrón, sigue haciendo tribuna donde otros solo ven ruinas.
Estrada no creía en una educación de memoria y repetición. Su apuesta era otra, profundamente humana
“Se educa cuando se fomenta la capacidad de pensar por cuenta propia, integrados a una comunidad educativa”
“Educación para la libertad, o simplemente educación, porque no puede menos de ser libre un pueblo compuesto de hombres que se conocen y se moderan”
Y quizás su definición más emotiva, la que hoy debería leerse en cada sala de profesores del país.
“Ser profesor es la elección de una forma de vida que se asume desde la labor diaria, las exigencias, la lucha, el agotamiento, la esperanza y la alegría de hacer lo que eligieron ser”
Ahí está todo. La lucha, el agotamiento, pero también la esperanza y la alegría. Esa mezcla contradictoria que solo conoce quien alguna vez corrigió hasta tarde, quien se emocionó con un egresado, quien sostuvo a un alumno cuando nadie más lo hacía.
Hoy, en cada escuela de Misiones y del país, hay un profesor que, sin saberlo, está cumpliendo el sueño de Estrada: enseñar a pensar, enseñar a ser libres.
A ellos, gracias. Feliz día.