El arte de aprender a aprender, los guardianes invisibles del aula
*por Patricia Bareiro
Coincide con el Día del Profesor, pero tiene su propia historia y su propia urgencia. El 17 de septiembre se celebra en el país el Día del Psicopedagogo/a en homenaje a los profesionales que trabajan en la intersección más sensible del ser humano: donde se encuentran el deseo, el aprendizaje y el lazo social. En un contexto de aulas desbordadas y diagnósticos tardíos, su figura es clave en el sistema de salud y educación.
La psicopedagogía no corrige cuadernos. Acompaña trayectorias. No etiqueta niños. Lee síntomas.
Mientras el sistema educativo suele preguntar qué le falta aprender a un niño, el psicopedagogo se pregunta cómo está aprendiendo ese sujeto, qué obstaculiza su encuentro con el conocimiento y desde dónde intervenir para restituir el placer por aprender.
La labor va mucho más allá de lo académico. Es un trabajo clínico-pedagógico que opera sobre los procesos de construcción del aprendizaje y sus vicisitudes, en la trama singular de cada historia.
Hoy, la demanda en consultorios, hospitales y escuelas de Misiones se ha disparado. Y no es casualidad. Los equipos de salud observan un incremento sostenido de consultas por trastornos específicos del aprendizaje - dislexia, discalculia, TDAH -, por dificultades en la función ejecutiva, por desregulación emocional que impacta en el rendimiento y por secuelas de trayectorias escolares interrumpidas tras la pandemia.
Ahí aparece el psicopedagogo/a. Como parte indispensable de un abordaje interdisciplinario junto a pediatras, fonoaudiólogos, psicólogos y docentes, es quien realiza la evaluación psicopedagógica integral, diseña el dispositivo de intervención personalizado y orienta a la familia y a la escuela para construir un entorno inclusivo real, no solo declamado.
Su trabajo es preventivo y terapéutico a la vez. Es detección temprana de señales de alarma en el jardín. Es acompañamiento a adolescentes con proyectos truncos. Es intervención en adultos con dificultades en la lectoescritura que afectan su mundo laboral. Es, en definitiva, garantizar el derecho a aprender.
En un país donde se habla de inclusión pero muchas veces se practica la exclusión, donde un diagnóstico llega tarde y una adecuación curricular se niega, el psicopedagogo es el profesional que traduce el lenguaje del síntoma al lenguaje de la posibilidad.
Hoy, 17 de septiembre, no celebramos solo una profesión. Celebramos a quienes, con escucha, técnica y compromiso ético, le devuelven a un niño la frase más sanadora que existe:
"Vos podés aprender".
Feliz día a las y los psicopedagogos. Gracias por enseñar a aprender.