Día del Jubilado la memoria de una conquista y la deuda de hoy
La historia marca un hito: en 1904, la Argentina dio un paso pionero en América Latina al sancionar la Ley 4.349, creando la primera Caja de Jubilaciones y Pensiones para empleados estatales. Fue el inicio de un sistema que reconocía el derecho a descansar tras una vida de esfuerzo.
Pero la actualidad golpea con crudeza. Los jubilados y jubiladas, que sostuvieron con su trabajo la construcción del país, hoy enfrentan una realidad marcada por haberes mínimos que no cubren necesidades básicas. La inflación erosiona cada ingreso y la promesa de un retiro digno se transforma en lucha cotidiana.
El Día del Jubilado y la Jubilada no es solo una efeméride: es un espejo que refleja la distancia entre la conquista histórica y la deuda presente. La Caja de Jubilaciones de 1904 fue concebida como un símbolo de justicia social, pero más de cien años después, la dignidad de quienes trabajaron toda su vida sigue siendo postergada.
La filósofa Simone de Beauvoir advertía: “La sociedad no cuida a sus viejos porque no los considera útiles, pero olvida que ellos construyeron lo que hoy disfrutamos”. Esa frase resuena con fuerza en cada jubilado que debe elegir entre medicamentos o alimentos, en cada mujer y hombre que siente que el esfuerzo de décadas se licúa en un monto miserable.
El contraste es doloroso: mientras la ley de 1904 abrió la puerta a un derecho, la actualidad muestra que ese derecho se ha vaciado de contenido. La fecha invita a recordar que la jubilación no es un privilegio, sino un reconocimiento. Y que la deuda con los jubilados es, en realidad, una deuda con la memoria y con la dignidad del trabajo.
El Día del Jubilado y la Jubilada es más que un homenaje: es un llamado a la conciencia colectiva. Porque la historia enseña que los derechos se conquistan, pero también que deben defenderse. Y porque, como decía José Ingenieros, “La dignidad humana no se negocia, se conquista y se preserva”.