La paz como derecho universal y desafío cotidiano
*por Patricia Bareiro
La paz, entendida como un derecho universal, está amparada por tratados y declaraciones que marcaron la historia contemporánea. La Carta de las Naciones Unidas (1945) estableció la obligación de los Estados de resolver sus controversias por medios pacíficos. La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) reafirmó que la dignidad y la libertad son pilares inseparables de la paz. Más tarde, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966) y el Tratado de No Proliferación Nuclear (1968) reforzaron la idea de que la seguridad global depende de acuerdos multilaterales.
Historiadores señalan que los acuerdos internacionales surgieron como respuesta a las devastaciones de las guerras mundiales, con el objetivo de evitar que la violencia se repita. Filósofos como Kant, en su ensayo “La paz perpetua”, ya advertían que la convivencia debía basarse en instituciones que regulen los conflictos y en un derecho internacional que limite la guerra.
En la actualidad, pensadores como Jürgen Habermas destacan el valor del diálogo y la construcción de consensos como herramientas para sostener sociedades democráticas. Martha Nussbaum, por su parte, subraya la importancia de la empatía y la educación emocional para prevenir la violencia desde lo cotidiano.
El Día Internacional de la Paz recuerda que los tratados y leyes no son suficientes si no se traducen en acciones concretas: desde la mediación comunitaria hasta las políticas públicas que promuevan justicia social. La paz se construye en las aulas, en los barrios y en los espacios de trabajo, donde cada gesto de respeto y solidaridad se convierte en un acto político.
La reflexión es clara: la paz no es ausencia de guerra, sino presencia de derechos. Los acuerdos internacionales son su marco jurídico, pero la verdadera garantía está en la voluntad de los pueblos de transformar la memoria histórica en convivencia diaria.